Jlo y yo, una historia de amor

Para contar la mi historia con Jlo, tengo que contar primero que nunca me gustaron los “motores”: autos, motos, carreras, “rallyses”, fórmula 1, 2 o 5, me importaron siempre poco…”¿Qué modelo es tu carro?” “4 llantas y 4 puertas, creo”…esa era mi respuesta…

gswebHasta que me llegó el “gusto” por las Vespas, estas “pasolitas, motos de señorita” que despiertan en mi una pasión única, que hasta me gusta como huelen, con eso digo todo. Porque es una moto que todo el mundo puede tener, es para quien la quiera…es amor del bueno…A eso súmenle lo novelero e intenso que soy, tienen causales suficientes para un divorcio.

En fin, en mi primera “salida oficial de jueves” con el Avispero (el mejor CluC del mundo), nos fuimos al aeropuerto.  Yo montaba en mi Negra, una gts 300.  Al llegar, todos admiraban a la “GS”.  Si ahora soy ignorante en el tema Vespa, peor aún en ese entonces, y digo esto porque esto se trató de algo sentimental, no de conocimiento.  Es como cuando entra una chica nueva en el colegio y es guapísima: todos alrededor de ella, admirándola  y tratando de hacerle honores de alguna manera…Es ahí cuando escucho la frase de mi padrino Silvo Morán -quien, para mí, es y será mi referente avispero- “Es la joya de la corona”…”Fugta!” dije yo, como adolescente con hormonas por lo cielos, “qué suerte de quien tiene a la joya de la corona”…Su dueño, don Calolo, la había restaurado al detalle, trayendo piezas de todos lados, todas originales, una joya en verdad.

Ese día Jlo no se prendió de regreso, lo cual no minimizó su “estatus” para mi.  Todos alrededor de ella a ver qué le pasaba…insisto, como la nueva guapa del colegio…Es más, fue aún mayor su destello cuando Byron, como siempre servicial, consiguió que una camioneta policial la lleve hasta Quito…Es así que, como si fuese la reina del “pueblo avispero”, salió en carro alegórico escoltada por policías.  Simplemente hermosa. 

Esa noche llegué a contar a la casa, emocionado, que la había conocido y, obviamente, a mi esposa le valió tres atados.

Luego, en una entrevista por el “Gentleman´s Ride”, fue mi padrino con Marco Pazmiño a hablar en el programa de radio que tenía.  Ahí mi padrino nos confesó, en “chiquis”, que la “joya de la corona” era suya: que Calolo accedió a vendérsela.  Ese sentimiento de “Fugta! Qué envidia!” nuevamente me invadió, entremezclado con la felicidad de verle a mi padrino tan feliz…

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Hasta que llegó un día, muchos meses después, en el que me llegó un mensaje, en donde mi padrino, mi querido amigo Silvio, responsable como es, con lágrimas en sus ojos (así me lo imaginé al otro lado del whatsapp) me ofrecía Jlo a la venta…”¿Y ahora qué hago? ¡No tengo plata!” me pregunté…Aceptó dármela en cuotas cómodas…¿Su precio? Ni ustedes, peor mi esposa, sabrá cuánto mismo costó! Pero, cual es el precio de la “joya de la corona”? Es invaluable…


Cuando la presento a quien pase, como si todos tuviesen interés en saber quién es, siempre digo: “es una GS 160 del ´62, solamente se produjeron 59.999 de estas, hay 3 en Latinoamérica, y la mía es la única que anda”…Esto último no sé si es verdad, pero con quien me cruzo, no tiene idea y, ni por más internet que haya, no se va a poner a averiguar.  “Y se llama Jlo porque tiene el mejor trasero de todas las Vespas”, y le muestro una moto, a lo cual asienten con la cabeza…

Muchos me han dicho “la Jlo es la mejor”…Aunque no parezca, esto no me importa mucho…más me gusta saber que es única y que es parte del Club, que el Vespa Club del Ecuador tiene una “Jlo” en sus filas.

Pero, por más que parezca que “es mía”, sé que no lo es…es una pedazo de historia que le pertenece a la misma historia.  Y en mi testamento esta que si me voy antes que mi padrino, Jlo pasará a su cuidado.

 

Jalál DuBois

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